2/24/2010

Subversión

Subversión: Acción y efecto de subvertir.
Subvertir: Trastornar, revolver, destruir, especialmente en lo moral.
Revolver (acepción 16): Enfrentarse a alguien o algo.

Puede que sea hora de que hagamos frente a la situación. Revolver o subvertir pueden tener acepciones un tanto desagradables, pero también pueden llevar a grandes cambios, cambios necesarios.

En el siglo XVIII, por tomar un ejemplo cercano, la Ilustración, fue una corriente de pensamiento que llevó a la Revolución Francesa. Asesinatos brutales, decapitaciones, cosas realmente horribles, pero llegó un momento en que era necesario un cambio.

Puede que haya muchas formas de llevar a cabo esos cambios, pero también hay veces que los cambios tienen que ser llevados a cabo, como sea.

Mucha gente murió en la Revolución Francesa, y mucha gente ha muerto en otras muchas revoluciones. Puede que algunas tuvieran éxito y otras no, pero todas se llevaron a cabo por un mismo motivo: cambiar una situación que llegó a ser insostenible.

Ahora estamos en el siglo XXI, tenemos un número incontable de derechos y libertades que eran impensables cuando tuvo lugar la Revolución Francesa, pero poco a poco los estamos volviendo a entregar. Poco a poco vamos entregando nuestro derecho a la intimidad, nuestra libertad de expresión, etc. Y todo a petición de una clase política que se está convirtiendo en una clase noble igual a la que había hace unos siglos.

Esta clase se ve anclada en el poder, saben que nadie les va a sacar de sus asientos de cuero, de sus lujosos despachos pagados con los impuestos que cobran al pueblo ni de sus mansiones pagadas con el dinero que roban al mismo pueblo.

Y lo peor de todo, es que además de hacer todo esto, están consiguiendo que al pueblo le parezca bien y les apoye. Las masas son fáciles de controlar, y manejando lo justo a los medios de comunicación es fácil inventar enemigos imaginarios, los gigantes del Quijote, y hacer que la muchedumbre quede cegada.

Y qué mejor enemigo imaginario que ellos mismos. Si el enemigo fuera un tercer elemento, de una u otra forma podría llegar a desaparecer, pero dividiendo las fuerzas en dos bandos, dos bandos que den una gran sensación de polaridad, se puede obligar a la gente a elegir uno de los bandos, a meterles miedo, a hacerles creer que el otro enemigo es el mal definitivo, a volverse los unos contra los otros. Darles una ficticia sensación de poder, de tener la elección de elegir entre unos y otros.

Y ahí está la trampa, la gente cree que elige, cree que elige entre uno u otro bando, pero sólo hay un bando. Una nueva nobleza, una clase política anclada en el poder, acostumbrada al lujo y a la riqueza.

Otra de las ilusiones es la ilusión de que hay unas normas, unas reglas que todos debemos cumplir, y que sostienen una sociedad en la que podamos tener cierta seguridad. Pero cómo no hay un problema: el problema es que no todos tenemos que seguir esas reglas. Las reglas son para la muchedumbre, pero la clase política puede esquivarlas. Y si no, tienen el bastante poder para cambiar esas normas, cambiarlas lo justo para mantener el statu quo.

Y llegados a este punto, ¿qué puede hacer el populacho, la muchedumbre, para cambiar esta situación? La triste realidad es que no puede hacer nada. Al menos nada socialmente aceptable.

La jaula está bien hecha y está cerrada.

Cualquier cosa que suene a revuelta, cambio, revolución es rápidamente atacado por los medios de comunicación y mitigado rápidamente. Previamente se ha inyectado la suficiente cantidad de sensación de seguridad para que la gente tenga miedo al cambio, y a su vez sofoquen los fuegos de rebelión.

Y ese es más o menos el mundo en el que vivimos. Nos enfadamos y gritamos a los dirigentes que nos roban a manos llenas, siempre y cuando sean de nuestro lado, porque si son del otro lado, desviamos la mirada.

Mientras la sensación de seguridad se mantiene es muy fácil mantener el engaño, pero a veces ocurren cosas, el exceso de avaricia lleva a situaciones difíciles de mantener, y la sensación de seguridad comienza a desvanecerse. Cada vez hay más pequeños fuegos, y sobre todo, cada vez hay menos gente dispuesta a sofocarlos, y más dispuesta a avivarlos, o al menos, a escucharlos.

Puede que estemos llegando a un punto en el que tengamos que esquivar esas normas, una jaula que ha sido forjada para mantenernos encerrados; y puede que sea hora de llevar a cabo una revolución.

Y no me refiero a salir a la calle y pedir que nos dejen retirarnos dos años antes, o quejarnos porque no hay empleo, sino salir a las calles para deponer el poder establecido, no sólo al gobierno, sino a una clase política totalmente corrupta, que vive de chupar la sangre a un pueblo que no quiere mantenerla.

¿Qué haremos después? ¿qué modelo de sociedad queremos? Puede que el problema no sea el modelo en si, puede que con unos pocos ajustes, y gente que sepa que no va a estar en el poder eternamente, las cosas vayan mejor. Y cuando vuelva a llegar el momento en el que las cosas vuelvan a ser insostenibles, habrá que volver a hacer cambios.

Otro fuego más, uno pequeñito, pero basta una cerilla para quemar un monte entero.


P.D: lo siento pero me han solicitado que por una vez deje a Scarlett descansar tranquila.



1 comentarios:

vinu dijo...

se me han puesto los pelos como escarpias señor salinas. Gracias a dios, en este mundo nuestro de amebas, todavía quedan seres pensantes.

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