11/01/2008

Vacaciones en Italia

Dentro de poco se cumplirán dos meses de que volvímos de vacaciones, y me parece una eternidad. Nada más volver me prometí que escribiría un post contando todos los lugares en los que estuvimos pero para variar, la procastinación es una dura enemiga, así que la tarea se ha visto retrasada un poco.

Este año nos hemos ido de vacaciones a Italia, concretamente a la Costa de Amalfi, zona que va más o menos desde Salerno hasta Positano. Todos los pueblos que están en esta costa están incrustados en acantilados, medio colgando sobre el mar, por lo que los paisajes con increíbles.

Para llegar hasta la Costa de Amalfi cogimos un avión Madrid - Nápoles, aunque si se tiene más tiempo, o miedo a volar, se puede ir en barco desde Valencia. Una vez en Nápoles, para llegar a Amalfi se puede ir tanto en ferry como en autobús o coche. Nosotros alquilamos un coche, sobretodo por librarnos de estar mirando los horarios de barcos, autobuses, etc. por lo que nada más bajar del avión fue lo primero que hicimos. Nos dieron un Lancia Ypsilon, un coche muy pequeño y fácil de manejar, cosa que a la postre nos vino muy bien.

Para ir hacia Amalfi hay que salir del aeropuerto de Nápoles y coger la salida hacia la A-1 en dirección sur, para después coger la A-3, la Autostrada Napoli - Salerno.

La carretera está bastante bien indicada, y el camino es bastante sencillo, por lo que es difícil perderse. Eso sí, hay un tramo de pago, pero no es muy caro.

Las diferencias entre las autopistas españolas y las italianas (al menos esta) son notables, y en esto ganamos por goleada. La autopista no tiene arcén en casi ningún lugar, es más bien estrecha, y las líneas parecen pintadas a mano, porque cada una mira para donde quiere. Y en cuanto a la forma de conducir... Digamos que en la zona de Nápoles hay que ir con mucho mucho cuidado, porque conducen muy mal. No os sorprendáis si los coches se os cruzan cuando les apetezca, o si alguien os adelante por el arcén.

Bien, una vez os hayáis acostumbrado a la autopista, tendréis que salir de ella. La salida es la de Vietri sul Mare, un pueblecillo de costa como otros cuantos más por los que pasaréis.

Aquí comienza la carretera de la costa, y echaréis de menos la autopista, y mucho. Al igual que las autopistas son peores que las de aquí, las carreteras de costa también son peores que las de aquí. La carretera que recorre la costa de Amalfi es una carretera muy estrecha que recorre los acantilados, las vistas son espectaculares, pero el que conduce tendrá que verlas en las fotos. Por aquí la gente conduce bastante mejor, porque si no habría muchísimos accidentes, aunque viendo cómo es la carretera la sensación no es la misma. Hay que ir con calma, despacito (sobre todo al principio) y fijarse en los espejos que hay en las curvas para ver si alguien viene. No es agradable intentar girar en una curva y encontrarte con un autobús que ocupa toda la carretera, tener que desandar un tramo de carretera marcha atrás sin ver si viene alguien y pegarte a la pared para que pase el autobús.

Después de un buen rato de curvas y curvas y curvas, se llega por fin a Amalfi. Lo primero llegar al hotel, dejar las maletas y descansar un ratito. Nosotros elegimos el hotel Grand Excelsior, que no está realmente en Amalfi, sino un poco después, más cerca de Pogerola. Lo elegimos principalmente por las vistas que tiene, que son increíbles, seguramente de las mejores que hay. Esto es gracias a que no está "a pie de mar", sino que está en la montaña, por lo que además de tener una excelente vista del mar también se tienen unas panorámicas excelentes de la costa.

El hotel está muy bien, quizá al principio no da tan buena impresión como debiera, sobre todo si se está muy acostumbrado a los hoteles españoles, pero después de un día allí se está genial. El servicio es muy amable y aunque no hablen español no es muy complicado entenderse con ellos. Como he dicho tiene unas magníficas vistas, así que es una buena idea coger una habitación con terraza. Tiene tanto piscina como playa propia (de pago, como casi todas).

En cuanto a las comidas del hotel, el desayuno está muy bien, es difícil acertar con el café, pero hay de todo para comer. Para cenar hay dos opciones. Si se coge media pensión se puede cenar en el propio hotel, y el menú parecía estar bastante bien, aunque como nosotros no la cogimos no puedo opinar. La segunda opción es el Tato', un restaurante que está en el propio recinto del hotel, que solo abre para cenar. La comida del Tato' es excelente, desde el carpaccio hasta la pizza, pasando por risotto o por un buen chuletón, todo está buenísimo. Además, con un poco de suerte se puede coger un buen sitio y tener unas vistas magníficas mientras se cena. El precio no es precisamente bajo, aunque la calidad de la comida lo compensa plenamente, y si uno se controla un poco cenando se puede cenar por un buen precio. El único fallo que tiene el Tato' es que no tiene postres; se pueden pedir un helado por ejemplo, pero no hay tartas ni cosas por el estilo. Y para el final dejo las comidas. Normalmente todos los días comimos fuera del hotel, porque lo normal es ir a visitar cosas (que para eso fuimos), aunque si algún día os quedáis en el hotel es ampliamente recomendable ir a comer a Amalfi. La comida del hotel es francamente decepcionante, mucho más barata que la del Tato', pero aun así no compensa. En cualquier restaurante de Amalfi se puede comer mucho mejor. El hotel también dispone de una terraza en la que puedes tomarte una copa o un refresco tranquilamente, escuchando algo de música. Una noche incluso hubo un cantante en directo y todo. Un lugar muy agradable.

Pero uno no va tan lejos para quedarse en un hotel, así que vamos con lo demás.

El primer pueblo a visitar, como es lógico, es Amalfi. Para bajar a Amalfi hay un autobús gratuíto desde el hotel, además de los autobuses de línea que pasan por la zona. También se puede bajar en coche si no se quiere depender de un horario, pero hay que tener en cuenta que los parking son muy caros, y es totalmente imposible aparcar fuera de éstos. Tambien cabe la posibilidad de ir en taxi, aunque por lo que nos informamos antes de ir no es nada recomendable, porque su precio es aún más alto.

Amalfi es un pueblo pequeñito, como casi todos los de la zona, situado al nivel del mar. No tiene nada en especial que ver, sólo el pueblo en si. Puedes dar un paseo por el puerto y las playas tranquilamente o entrar en la parte más interior y ver las tiendas de souvenirs y demás mientras te comes un buenísimo helado. Los helados son realmente buenos en casi cualquier parte, así que sólo hay que buscar el sabor que más te guste. También hay unas cuantas pastelerías muy buenas, en las que se pueden comprar todo tipo de dulces deliciosos.

La zona es una zona muy calurosa, al menos en la semana que estuvimos allí (del 6 al 13 de septiembre) , y lo que más apetece beber normalmente es agua. El precio "estándar" para una botella de agua de un litro es de tres euros, aunque hay sitios en los que cuesta más. En Amalfi encontramos una tiendecilla donde se podía comprar una gran botella de dos litros por un euro. Está en la calle principal, donde están todas las tiendas, según se entra a la izquierda, y tiene las bebidas en un frigorífico del que coge uno mismo las bebidas. Creo que nunca he bebido tanto agua como esa semana.

El siguiente pueblo que visitamos fue Positano, un pueblo realmente bonito de la zona. A Positano se puede llegar tanto en barco como por carretera. Si se ha alquilado un coche y se tiene tiempo, no es mala idea ir tanto en coche como en barco. Primero en coche por ir por la carretera, aún más estrecha que la que hay hasta Amalfi, y después en barco para ver por dónde se ha ido en el coche, además de ver la costa desde el mar, todas las casas medio colgadas de la montaña, algo impresionante.

Positano es un pueblo casi completamente peatonal, algo habitual por la zona, en el que hay una única calle por la que se puede ir en coche. Es de una sola dirección, y se entra por un lado del pueblo y se sale por el otro. Se entra por el lado más alejado de Amalfi, y se sale por el más próximo, por lo que si se va en coche primero vemos todo el pueblo desde arriba y luego nos adentramos en él. Una vez dentro del pueblo, se va descendiendo por su única calle con circulación. Si se tienen muchas ganas de andar y encuentras un sitio aparca donde puedas, pero hay que recordar que a la vuelta será cuesta arriba, y que hace mucho calor, además que habrá que volver cada hora a poner el papelito. La otra opción si has ido en coche es dejarlo en un párking. El precio de los párking es el mismo en todas partes, tres euros la hora, muy caro, aunque es el mismo precio de la zona azul así que no penséis en ahorraros nada.

En Positano todas las calles son muy estrechas, y están llenas de tiendas, sobre todo de ropa, aunque también hay unas cuantas galerías de arte, y algunas de ellas llaman la atención. Después de recorrer todas las callejuelas se llega al mar, la zona de la playa y el puerto. Esta zona está llena de restaurantes y terrazas donde te puedes sentar tanto a comer como a tomarte un refresco. Si se llega hasta el puerto, hay un camino que lleva hasta otras dos playas. Es un camino estrecho pegado a las rocas, y que a parte de llevar a estas dos playas pasa por un restaurante llamado "Lo Guarraccino". No dejéis que os desanime el nombre del lugar, porque es un buen restaurante donde comer, no tan conocido como el Buca di Bacco, pero aun así un lugar muy agradable donde comer una buena comida por un buen precio, y con una vistas magníficas.

El siguiente lugar que tenemos en la lista es Capri, isla mundialmente conocida. Cuando se llega a Capri (aquí no hay más remedio que ir en barco), se llega a uno de los puertos de la isla, la Marina Grande. Nada más salir de los embarcaderos hay un montón de tiendas de souvenirs y unas cuantas terrazas. Si se tienen ganas de beber algo conteneos unos momentos y no os sentéis en la primera terraza que veáis, porque aquí los precios son casi insultantes. Casi me da vergüenza decir que pagamos ocho euros por dos botellas pequeñas de agua. Si buscáis un poco entre tanta tienda y terraza hay algunos locales más modestos en los que los precios son mucho menores.

Uno de los lugares más conocidos de Capri es la Gruta Azzurra. Aviso: si se quiere ir a ver esta gruta, es recomendable no ir en barca, es mejor ir por el interior. Lo digo porque nosotros, como otra mucha gente, cometimos el error de ir en barca. Para entrar en la Gruta Azul, hay que hacerlo en unas pequeñas barquitas de remos, que van recogiendo a toda la gente que hay por allí (previo pago de diez euros por persona). Esto significa que hasta que le toque el turno a la barca en la que se haya ido puedes estar un buen rato esperando en la barca, moviéndose sin parar y casi a pleno sol. A nosotros nos tocó casi una hora de espera, y pese a que no soy propenso a marearme por la mar, después de tanta espera acabé muy mareado, tanto que el resto de Capri se me quedó un poco descafeinado.

Para llegar a la ciudad se puede ir de varias maneras, pero el funicular es la mejor idea. No tarda nada y no es caro. Capri es muy bonito tambien, las calles llenas de tiendas, restaurantes y hoteles. Todo muy caro eso sí, un montón de tiendas de lujo, restaurantes con fotos de los famosos que van allí, etc. No es lo que más me gustó del viaje, pero si se va a la zona hay que pasar por Capri.

El último pueblo que visitamos fue Ravello, la ciudad de la música. Está situado en la montaña, por lo que hay que ir o en coche, en autobús o en tren. El pueblo es completamente peatonal, hay un parking en la entrada donde dejar el coche (algo más barato que los tres euros estándar), y a partir de ahí a andar. Las escaleras que salen del parking nos dejan en la Piazza Duomo, y desde aquí podemos recorrer todo el pueblo. Es un pueblo muy tranquilo, de calles muy estrechas, con algunas calles tan tranquilas que casi da miedo hablar en voz alta. Un lugar a destacar en Ravello es Villa Cimbrone. Un lugar que a mi me dejó maravillado.

Actualmente Villa Cimbrone es un hotel de lujo, pero la parte que no es el hotel puede ser visitada por cualquier turista, a un precio de seis euros por cabeza (que servidor volvería a pagar gustosamente). Se pueden pasar horas perdiéndose por sus imensos jardines, ver los racimos de uvas colgando por la Avenida de la Inmensidad, ver la estatua de Ceres o el Asiento de Mercurio, o quedarse embobado mirando por la Terraza del Infinito, mi lugar favorito. Un lugar realmente magnífico e indescriptible, y al que ninguna foto ni vídeo puede hacer justicia, hay que ir y verlo.

Y después de recorrer todos estos lugares ya sólo quedaba la vuelta al hogar, final de las vacaciones que ahora me parecen tan lejanas.

2 comentarios:

Atuina dijo...

Ha sido un viaje genial, la verdad es que es una zona de Italia, que todo el mundo debería conocer, ya que es más que preciosa.. alucinante!

RicPlan dijo...

Vaya descripción del viaje.

Genial.

A parte de la carreteras, que por lo visto son una mierda, todo el resto pinta muy bien.

El año pasado pisé Italia por primera vez (Roma) y me gustó medianamente... Fui la misma sensación que cuando te dicen vete a ver esta peli, está genial... y al final piensas que no era para tanto.

¿Conocéis Corcega? Si no, no lo penséis 2 veces.

Hacedme caso.

Eso, sí, está lleno de Corsos, y son MUY especiales.

 

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